El golpe de Estado del 12 de septiembre de 1980, ocurrido hace 46 años, no fue solo una intervención militar que puso fin a la lucha fratricida y al terror en las calles. Fue un terremoto histórico que cambió el rumbo económico, social y geopolítico de Turquía.
El panorama general detrás del golpe debe leerse en dos ejes.
El primero fueron las decisiones del 24 de enero de 1980. Turquía estaba siendo trasladada de un modelo económico de sustitución de importaciones, estatista y proteccionista, a un modelo liberal abierto al exterior respaldado por el FMI y el Banco Mundial. El Estado se reduciría, el comercio exterior se liberalizaría, se abriría el camino a la privatización y al capital extranjero, y se debilitarían la mano de obra y la estructura sindical. La eliminación de la resistencia política y sindical tras el 12 de septiembre facilitó enormemente la implementación de este programa.
El segundo eje era geopolítico.
Con la Revolución Iraní de 1979, Estados Unidos había perdido uno de sus apoyos más importantes en la región dentro de la geopolítica del cinturón periférico, y la doctrina de contención de los soviéticos había sufrido un duro golpe con la invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética ese mismo año. El acercamiento de Moscú al Golfo Pérsico y al Océano Índico era una amenaza geopolítica inaceptable para Washington. Turquía no debía caer más bajo la influencia de la creciente política de izquierda anti-OTAN.
En este entorno, el alejamiento de Turquía, en el flanco sureste de la OTAN, del sistema occidental no era un riesgo que Washington pudiera permitirse.
El 12 de septiembre puso fin al terror a nivel táctico. Sin embargo, ató a Turquía más estrechamente a la hegemonía. Los sectores de izquierda y kemalistas recibieron un duro golpe. El nacionalismo fue reformulado con el turanismo estadounidense. Los códigos de las relaciones entre religión y Estado cambiaron y, en los años siguientes, se abrió el espacio para la expansión del islam político con la famosa doctrina del cinturón verde de Brzezinski.
Además, la información que ha surgido a lo largo de los años sobre la contraguerrilla, las estructuras de guerra irregular, las provocaciones y los asesinatos políticos que permanecieron en la sombra, también demostró que la lucha fratricida anterior al 12 de septiembre no puede leerse únicamente como un conflicto espontáneo entre derecha e izquierda.
La Junta de los Coroneles de Grecia de 1967, el golpe del 12 de marzo de 1971 y el del 12 de septiembre de 1980 deben evaluarse como diferentes eslabones de la misma geopolítica de la Guerra Fría.
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