Encuentra noticias publicadas en el siguiente rango de fechas
y y
y y
y y
Limpiar
Euro
Arrow
55,1673
Dolar
Arrow
49,1966
Libra esterlina
Arrow
65,1652
Oro
Arrow
6582,4336
BIST 100
Arrow
12.317

Ley de ética política

No dejes que el algoritmo elija tus noticias, decide tú qué leer. ¡Añade 12punto a tus fuentes preferidas!

Por muchas leyes que tenga un país, si no hay ética en la política, la justicia es deficiente, el Estado es débil y la sociedad carece de confianza.

Porque la política no es solo el arte de alcanzar el poder. La política es la responsabilidad de tomar decisiones en nombre del público y ejercer la autoridad en nombre de la nación. El político a quien se le confía el mandato de la nación no puede destinar el cargo que ocupa a sus intereses personales, ni a los de sus allegados, su partido o un círculo reducido. Un cargo público no es un botín, es un fideicomiso.

Hoy, este es uno de los problemas más fundamentales de Turquía: la política tiene normas jurídicas, pero las normas éticas de la política no son lo suficientemente fuertes.

Sin embargo, la ética política es una ley de conciencia y responsabilidad que, aunque no esté escrita, constituye la base de la democracia.

Un político debería poder declarar abiertamente su patrimonio al asumir el cargo; y al dejarlo, debería poder explicar a la nación de dónde vino, qué posee y qué relaciones económicas mantuvo durante su mandato.

El político no debe poder transferir recursos públicos a sus allegados, amigos, familiares o su entorno político.

Las licitaciones, la zonificación, las licencias, los incentivos, los impuestos, los créditos de la banca pública y todos los recursos económicos del Estado no deben convertirse en herramientas de ningún cálculo político.

Donde la política es una puerta para el enriquecimiento, la democracia se corrompe.

Por esta razón, Turquía ya no necesita solo reformas económicas, sino una Ley de Ética Política integral.

Esta ley debe establecer reglas claras y vinculantes para todos aquellos que ejercen poder público, desde los diputados hasta los alcaldes, pasando por los ministros y los dirigentes de los partidos políticos.

Se debe trazar una línea clara entre el cargo político y el interés comercial.

Se deben auditar las relaciones económicas que el político establece con el sector público a través de su propia empresa, su familia o su entorno cercano durante el periodo en que ejerce su cargo.

La financiación de los partidos políticos debe ser transparente, y la nación debe conocer de dónde provienen los recursos utilizados en los periodos electorales y en qué se gastan.

Porque la política que no rinde cuentas se convierte, con el tiempo, en un poder al que no se le pueden pedir cuentas.

Otro asunto importante es el mérito.

Los cargos estatales no deben ser el premio a la lealtad política. El funcionario público debe ser leal al Estado y a la nación, no al partido. No debe basarse en a qué partido pertenece una persona, sino en qué tan bien puede realizar su trabajo.

Donde no hay mérito, no hay justicia; donde no hay justicia, no hay orden estatal; y donde no hay orden estatal, no queda confianza social.

La ética política no debe esperarse solo del político. Los partidos políticos también deben establecer estructuras democráticas, transparentes y responsables internamente. Las direcciones de los partidos deben elevarse sobre principios comunes y el interés público, no sobre lealtades personales.

Hay que decir esto claramente ahora:

Turquía necesita una nueva forma de entender la política.

Una concepción en la que ser diputado no sea un medio de enriquecimiento, la alcaldía no se convierta en un área de poder personal, el ministerio no sea visto como un cargo para distribuir oportunidades al entorno; una concepción donde la política sea servicio, no un cargo...

La ley de ética política no es solo una ley de unos pocos artículos. El verdadero problema es cambiar la mentalidad de la política.

Porque quien protege el tesoro del Estado no es solo el Tribunal de Cuentas. Quien protege los bienes públicos no es solo el inspector. El verdadero protector es la conciencia del político.

La ley no puede sustituir a la conciencia.

Pero donde la conciencia calla, la ley debe hablar.

Esto es exactamente lo que necesita Turquía:

Un orden político donde se premie a quienes limpian la política, no a quienes la ensucian; donde el cargo sea aceptado como una responsabilidad y no como un beneficio, y la autoridad como un fideicomiso y no como un privilegio.

Porque no debe olvidarse:

La política que pierde su ética pierde primero la confianza; y el Estado que pierde su confianza, con el tiempo, pierde su reputación.

La política existe para servir al pueblo.

El mandato de la nación es un derecho de la nación.

Y ninguna concepción política que extienda la mano al derecho de la nación, sin importar de qué urna salga, puede poseer la base moral de la legitimidad.