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Agarrar el rábano por las hojas: El problema de los impuestos a los teléfonos

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El otro día me llamó la atención una publicación de Kemalettin Bulamacı en LinkedIn. En ella se hacía referencia al texto del Acuerdo sobre Tecnología de la Información (ITA, por sus siglas en inglés), publicado en el Boletín Oficial del 9 de febrero de 1998 con el número 23253. Al releer el texto, me volvió a llamar la atención una distinción interesante: la diferencia entre los derechos de aduana y los impuestos internos.

Esta distinción se encuentra, de hecho, en el centro de los debates que tienen lugar hoy en Turquía en torno a los precios de los teléfonos.

Los derechos de aduana y los impuestos internos no son lo mismo

La lógica del acuerdo ITA es bastante clara. Los miembros de la Organización Mundial del Comercio aceptan eliminar los derechos de aduana sobre la importación de productos de tecnología de la información. Pero esta obligación solo se aplica a los derechos de aduana.

Para los impuestos internos, se aplica un principio diferente: el "Trato Nacional".

Según este principio, un país no puede aplicar a un producto importado un impuesto interno superior al que aplica a un producto nacional. Sin embargo, los impuestos que se aplican por igual a los productos nacionales e importados —como el IVA o el impuesto especial sobre el consumo (ÖTV)— no se consideran derechos de aduana y no están prohibidos en el marco del ITA.

Es decir, legalmente, aunque los Estados hayan eliminado los derechos de aduana sobre la importación de productos tecnológicos, pueden imponer otras cargas que afecten al precio a través del mecanismo de impuestos internos.

Fuentes:

OMC (1996). Declaración Ministerial sobre el Acuerdo de Tecnología de la Información.

Boletín Oficial de la República de Turquía, 9 de febrero de 1998, Número: 23253.

La tensión en el mercado de la telefonía

En el trasfondo del debate en Turquía hay, en realidad, un problema mucho más sencillo.

A los vendedores de teléfonos les molestan desde hace tiempo los teléfonos traídos del extranjero, porque el mismo dispositivo suele ser más barato fuera.

Esta situación afecta, naturalmente, a las ventas en Turquía.

El sector traslada este malestar al Estado. Y el Estado, para proteger el equilibrio del mercado, pone en marcha diversos mecanismos de impuestos y tasas.

Sin embargo, el resultado que surge aquí es bastante irónico.

El consumidor que no compra un teléfono en el extranjero, sino que ya va a una tienda en Turquía, paga la misma carga fiscal.

En otras palabras, el sistema llega a este punto:

Cuando los elefantes pelean, la hierba es la que sufre.

El origen del problema es un comportamiento de mercado limitado, pero todos los consumidores pagan el precio.

Sin embargo, la solución es mucho más sencilla

En el mundo de la tecnología, este problema se resolvió hace años.

El nombre de la solución es el modelo de operador.

En gran parte del mundo, la gente no compra sus teléfonos directamente en la tienda, sino que los adquiere dentro de paquetes de operador.

El modelo es sencillo:

El operador vende el servicio de comunicación

• Incluye el teléfono dentro del paquete

• El usuario paga el dispositivo a plazos con su factura

De este modo, el consumidor compra el hardware y el servicio de comunicación juntos.

Este enfoque resuelve tres problemas a la vez:

1. Se facilita el acceso al dispositivo

2. Se distribuye la carga financiera

3. El equilibrio del mercado se establece a través del modelo de servicio, no de los impuestos

Este sistema funciona desde hace años en muchos mercados, desde Estados Unidos hasta Europa.

En Turquía, sin embargo, el debate se centra constantemente en los impuestos.

La verdadera pregunta

Hoy, al hablar de los precios de los teléfonos, todo el mundo hace la misma pregunta:

¿Por qué el teléfono es tan caro?

Pero la pregunta que realmente hay que hacer es esta:

¿Por qué seguimos pensando en el teléfono como un producto que se vende solo?

Si los operadores establecieran un modelo de paquete (bundle) generalizado incluyendo el dispositivo:

• el consumidor compraría teléfonos con mayor facilidad

• el mercado se equilibraría

• el Estado no tendría que debatir constantemente nuevos impuestos

En las políticas tecnológicas, a veces el problema no es complejo.

El problema es insistir en no ver las soluciones sencillas.

A veces, realmente solo hay que hacer una cosa:

Dejar de complicarse la vida innecesariamente.