Los términos “münevver” o “aydın” (intelectual), que surgieron a principios del siglo XX y se utilizan en nuestro idioma con un significado similar a la palabra “intelectual”, implican también poseer una mente y un pensamiento ilustrados y críticos.
Selahattin Hilav señala que el término “fırka-i münevver” (clase o grupo de intelectuales), utilizado por algunos escritores compatriotas que estudiaron en la Rusia zarista y luego llegaron a Turquía, da la impresión de haber sido trasladado del término ruso “intelligentsia” (que pasó al francés en la década de 1920), dado que incluye no solo a personas cultas y capacitadas, sino también a aquellas interesadas en cuestiones sociales y políticas que actúan para encontrar soluciones (Selahattin Hilav, Entelektüeller ve Eylem, 3.ª edición, YKY, 2021).
En el mundo del capitalismo salvaje actual, la carga sobre los hombros de las personas ilustradas parece aumentar día a día. La responsabilidad de expresar no lo que es, sino lo que debería ser, se mantiene como una realidad sencilla.
Bajo el intenso aluvión de información de la era digital, mientras que los métodos y procesos utilizados para analizar los acontecimientos son una dimensión del problema, la otra dimensión es revelar e interpretar la realidad, ¡y si esto será suficiente o no!
Independientemente de cómo llamemos al intelectual de la época, lo que le corresponde a quien tiene la pluma en la mano y la palabra en la boca es comprender las realidades de la era en la que vive y volver su rostro hacia las perspectivas del futuro.
Bertolt Brecht dice: “El único signo de respeto que se puede mostrar a los espectadores es no subestimar su inteligencia y comprensión”. El intelectual también debe ser capaz de acercarse al ciudadano en esta dirección. No debe verse a sí mismo como superior ni faltar al respeto, ni tampoco debe esforzarse por complacer los pensamientos y comportamientos subdesarrollados y degenerados del ciudadano o individuo.
LA NECESIDAD DE UNA MENTE CRÍTICA, INICIAR Y MANTENER EL DEBATE…
Karl Marx afirmó que, en casi todas las épocas, las opiniones predominantes y dominantes son las opiniones de las clases dominantes de ese período.
¿No es acaso responsabilidad del intelectual decir no las palabras que se desea escuchar y que reciben muchos aplausos, sino aquellas cuya expresión causa incomodidad y cuya escucha genera inquietud, y expresar opiniones que beneficien no a los dominantes, sino a las amplias masas oprimidas y a los trabajadores?
Más aún, la necesidad de crear un nuevo lenguaje para expresar las realidades actuales y revelar nuevas realidades está a nuestro lado; ¡un nuevo programa y un espacio de reunión!
La humanidad necesita a quienes defienden opiniones, valores e ideales que surgen no de lo que existe, sino de lo que debería ser, y a quienes actúan en consecuencia, a quienes se oponen a lo que impone la visión dominante. En términos más generales, la necesidad de crear una ‘historia’ y de pasar a la práctica en torno a esa historia con una conciencia colectiva…
La vida es producto de oposiciones, contradicciones y conflictos. La vida continúa dentro de esta lucha…
La persona ilustrada que no se mete en nada y se mantiene en un rincón, en última instancia, forma parte, consciente o inconscientemente, quiera o no, de la espiral creada por las ideologías y las ideas dominantes.
La historia de la humanidad es testigo de estos dos ejemplos diferentes de intelectuales.
En resumen; estamos en una era en la que se siente de manera acuciante la necesidad de ser la voz de los trabajadores que no pueden llevar pan a sus casas y luchan por sobrevivir en condiciones difíciles, del estudiante universitario que se suicida, de las mujeres víctimas de feminicidios, de los que quedan bajo los escombros en las minas o tras los terremotos, de las víctimas que buscan justicia, y de decir lo que los autores de los hechos que hieren las conciencias no quieren que se escuche, sin jugar para la galería.
Preguntar y cuestionar es más importante que nunca.
Una era en la que se necesita el “pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad”.
Y el ‘sentido’…
El esfuerzo del ser humano por dar sentido a su vida, el esfuerzo por vivir a medida que produce significados… Si el sentido no existe, la vida está incompleta.
Con el anhelo de renovar la vida y construir lo nuevo…
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