Las sociedades desarrolladas y las subdesarrolladas se diferencian en su relación con la producción. Las sociedades desarrolladas han construido su sistema orientado a la producción. Las subdesarrolladas, en cambio, ni siquiera son conscientes de que existe algo llamado sistema. Para que una sociedad pueda transformarse en una estructura organizada, es necesario que sus mecanismos operativos estén muy bien definidos y puestos en funcionamiento activo. Y el elemento constitutivo fundamental de ese funcionamiento es la producción. No en vano el célebre pensador Karl Marx analizó las sociedades en torno al eje de la producción y abordó las clases sociales a través del modo de producción y las relaciones de producción.
Por otro lado, los individuos son también productos de la sociedad en la que nacen. Cada individuo refleja el carácter de la sociedad a la que pertenece. El individuo, desde sus relaciones con el entorno social hasta sus actitudes y comportamientos en la vida laboral y su organización vital, no es más que un reflejo de la sociedad en la que nació y creció.
No soy admiradora de Occidente, pero cuando comparamos las sociedades occidentales con la nuestra en términos de trabajo, producción y actividad laboral, debemos reconocer que aún no hemos completado el proceso de desarrollo. No me refiero aquí al desarrollo económico o tecnológico. Hablo de la concepción de la vida. Existe una diferencia abismal entre la relación que los individuos de las sociedades desarrolladas establecen con el mundo y la vida, y la que establecen nuestras propias personas.
Si las sociedades occidentales están hoy muy por delante de nosotros en ciencia, tecnología y, por ende, en economía, la razón fundamental es la diferencia de enfoque en la formación de las personas. El hecho de que se haya establecido un sistema educativo orientado a la producción. La aplicación de una educación adaptada a las capacidades de cada individuo, la incorporación de cada persona a la sociedad de alguna forma. Así se hace posible que cada individuo establezca una relación orientada a la producción y la creación con su propia vida, y que pueda convertirse en sujeto de su propia existencia. Las sociedades formadas por individuos educados no con un enfoque memorístico, sino con una concepción educativa que permita el desarrollo de la producción, la creatividad y la competencia intelectual, naturalmente progresan y avanzan.
El individuo orientado a la producción, mientras planifica su día en torno al trabajo y la producción, también fija como objetivo futuro elevar el nivel de su trabajo y su producción. Desde esta perspectiva, por ejemplo, en nuestra sociedad la mayoría de las personas tiene como objetivo de futuro jubilarse, pasar al descanso poniendo fin al trabajo y la producción. Por eso los parques, las calles y los medios de transporte público están llenos en su mayoría de jubilados ociosos. Como suele decirse, ya han terminado su faena y colgado el tamiz. Esperan sentados como si no les quedara nada por hacer en la vida. Si se pregunta qué esperan, mejor no entrar en eso. En cambio, para el jubilado occidental la vida verdadera comienza después de abandonar la vida laboral activa. Inicia una nueva etapa en su vida para dedicarse a sus aficiones y a todo aquello que no pudo hacer durante su vida laboral por falta de tiempo.
Por otro lado, para el habitante de un país desarrollado, el trabajo y la producción son al mismo tiempo una forma de vida y, por tanto, una manera de disfrutar y obtener placer. Disfrutar de la producción, añadir valor a la vida produciendo, es en realidad una sensación magnífica. Sin embargo, para quienes no tienen una mentalidad orientada al trabajo y la producción, el trabajo y la actividad laboral son con frecuencia una obligación. Deben ganar dinero para subsistir y, por tanto, trabajar. Esto convierte el trabajo y la producción en una carga, en lugar de un placer o un estilo de vida. Como la persona no tiene una mentalidad orientada al trabajo y la producción, y no puede alcanzar el placer de producir, ve el trabajo como un suplicio y cuenta los días para jubilarse. El único objetivo es la jubilación, es decir, salir de la vida laboral. Por eso, en sociedades como la nuestra, cuando las personas se jubilan, aunque gocen de buena salud, se apartan por completo del trabajo.
Añadir valor a la vida produciendo, contribuir al desarrollo y al progreso de la humanidad, es un sentimiento profundamente humano. Es ese sentimiento el que alimenta también la energía productiva del ser humano. Sin embargo, en nuestra sociedad lo que la gente entiende por diversión y placer es no trabajar, mantenerse al margen del trabajo y la producción. Entretenerse sin más, pasar el tiempo libre sin que haya ninguna producción ni creación, dormir, pasear, mantener conversaciones triviales, pasar horas en los cafés de barrio o en las cafeterías, o más bien consumir el tiempo. El resultado general de todo esto son masas infelices, desesperanzadas, sin objetivos, que han perdido la alegría de vivir. Es decir, caos social.
¿Qué hacer entonces? Claro está, si hay un problema, también hay una solución.
Ante todo, es necesario revisar el sistema educativo. Pasar de una educación encorsetada en el memorismo y en un número limitado de exámenes de opción múltiple a una concepción educativa orientada al desarrollo de la producción, la creatividad y la competencia intelectual. De este modo será posible formar, desde edades tempranas, individuos que piensen, con una creatividad desarrollada, visionarios, capaces de fijarse metas, que disfruten de la producción y encuentren en el trabajo la fuente de su energía vital.
Por otro lado, es necesario hacer que los entornos de trabajo sean agradables para los empleados, desarrollar métodos y vías para aumentar la motivación, y pasar de una mentalidad de jefe o directivo que da órdenes, presiona y amenaza, a una mentalidad de directivo que produce en conjunto, establece relaciones igualitarias, está abierto a la comunicación, es protector y actúa como socio en la resolución de problemas.
Pero también la organización de programas de formación dirigidos a los empleados en las instituciones y lugares de trabajo puede ser útil para desarrollar el sentido de pertenencia institucional y la apropiación del trabajo. Según lo que hemos podido observar, en la mayoría de los lugares de trabajo, independientemente de la naturaleza o las características del trabajo y del lugar, los empleados prefieren hacer el trabajo de manera superficial con una actitud de resistencia hacia el patrón, en lugar de apropiarse de lo que hacen y verlo como su propio trabajo. Para que esta mentalidad sea reemplazada por una de pertenencia institucional y apropiación del trabajo, cada institución o lugar de trabajo debe desarrollar propuestas de solución adaptadas a sus propias condiciones, carácter y dinámica.
Y lo más importante es la meritocracia. Debe establecerse el principio de no dar un trabajo a una persona, sino de encontrar a la persona adecuada para el trabajo. Este es un problema que encontramos con frecuencia especialmente en nuestra sociedad. Algunas personas son incorporadas de alguna manera a instituciones y lugares de trabajo, pero como no cuentan con la formación y las competencias suficientes para el trabajo o la profesión que deben desempeñar, no es posible obtener rendimiento. Esta situación genera conflictos y problemas de comunicación tanto para el empleado como para el directivo. Por tanto, la meritocracia es importante. Si se logra la compatibilidad entre el trabajo y el trabajador, gran parte de los problemas quedará resuelta.
Otra vía de solución es la creación de entornos adecuados para que las personas de edad avanzada se sientan seguras. Desarrollar métodos y vías para establecer la garantía del Estado de bienestar social y tomar medidas para que los individuos que han completado su vida laboral activa no pasen a una vida pasiva. Sea cual sea su edad, mientras permanezca con vida, toda persona tiene siempre algo que aportar a la sociedad y a la humanidad. Solo hace falta que se le proporcione el entorno adecuado y la orientación correcta. Ni una sola persona puede ser desperdiciada.
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