La “Propuesta de Ley para la Modificación de la Ley de Protección de los Animales”, que contiene regulaciones relativas a los animales callejeros, ha sido aprobada en la Comisión y enviada a la Asamblea General de la Gran Asamblea Nacional de Turquía (TBMM). Ahora es el turno de que todos los diputados examinen su conciencia...
La gente está en pie de guerra contra la propuesta de ley presentada para los animales callejeros. Diputados en el Parlamento, juristas, defensores de los derechos de los animales, ciudadanos de todos los sectores de la sociedad en las calles, aquellos que expresan sus reacciones a través de las redes sociales... Todos gritan que no aprueban una propuesta que nadie con conciencia aceptaría y que carece totalmente de base científica.
El portavoz del Centro de Derechos de los Animales del Colegio de Abogados de Estambul, el abogado Bahtiyar Güner, señala que la solución es la esterilización, la vacunación y permitir que vivan en su entorno.
¿Es acaso una solución recoger a los animales, mantenerlos en lugares lúgubres llamados refugios y masacrarlos a todos en masa? Ante todo, ¿es esto humano? ¡Quien da la vida es quien debe quitarla, no ustedes!
Estamos en días en los que somos testigos de cómo aquellos que dicen temer cometer pecados e ir al infierno, intentan quitar vidas y convertir el mundo en un infierno. ¡Quizás esto sea lo más doloroso!
¿Qué decir de este egoísmo del ser humano, que con su capacidad de razonar y el desarrollo, los conocimientos y los descubrimientos logrados gracias a todas sus habilidades, ha pasado de ser una criatura tímida en la naturaleza a convertirse prácticamente en el “amo” del mundo?
El ser humano, o como él mismo se autodenomina con cierta arrogancia, el “homo sapiens”, es a la vez la especie más interesante y la más irritante de los seres vivos sobre la faz de la tierra... (Bertrand Russell cita esta frase).
“Hacer feliz, ser feliz y respetar el derecho a la vida de todo ser vivo”. Desde el día en que lo leí, esta frase resuena constantemente en mi cabeza. Es la filosofía de vida del Prof. Dr. İsmet Sungurbey, quien dedicó su vida a los seres de la calle. Esta filosofía debería ser un ejemplo para todos nosotros, pero sobre todo para aquellos juristas que, ostentando la identidad de “abogado”, comparten mensajes defendiendo la “masacre de los seres de la calle”.
Sungurbey es el autor del primer libro sobre “Derechos de los Animales” en Turquía y profesor de Derecho Civil en la Universidad de Estambul durante 50 años. Un profesor al que nunca le gustó el dinero, que ni siquiera permitía que sus alumnos compraran sus libros de texto, sino que les hacía tomar apuntes en clase...
Cada noche, llenaba la parte trasera de su coche con lo que obtenía de carnicerías, casquerías y pescaderías, y desde las 4 de la madrugada, los dejaba en los puntos que había determinado para los animales callejeros, desde Yedikule hasta Beyazıt. Sufrió ataques y recibió amenazas por culpa de los animales, pero aun así, sin falta, corría hacia los seres que esperaban su camino a la misma hora. Sin importar el verano, el invierno o la enfermedad... Ni siquiera se iba de vacaciones...
“Me pongo en el lugar de un ‘gato’ o un ‘perro’ que tiene crías. Voy a ir a buscar algo en los vertederos. En los vertederos no hay más que polvo de carbón, nailon y papel. Si encuentro un trozo de pan seco, mis pechos se llenarán de leche y alimentaré a mis crías. Siempre me pongo en su lugar. Por eso gasto tanto mis bienes como mi vida por ellos. Que sea un sacrificio... Yo tampoco como carne desde hace 25 años...”
İsmet Sungurbey tenía una identidad progresista y popular. Nunca se mantuvo al margen de la lucha por la independencia, la igualdad y la libertad de Turquía. Conmemoro con respeto una vez más al profesor Sungurbey, quien nos dejó el 21 de septiembre de 2006 a los 78 años y que fue prácticamente un ‘derviche’ de nuestra era.
Frente a frases como “Llévenselos a sus casas y cuídenlos” o “Ustedes no dicen nada sobre esto y solo gritan por los perros”, la filosofía del profesor İsmet Sungurbey de “Hacer feliz, ser feliz y respetar el derecho a la vida de todo ser vivo” debe ser una justificación y una esperanza.
Esta es también nuestra deuda con cada ser, cada criatura, persona, niño, mujer, pájaro, perro, gato, insecto, árbol, vegetación, agua... Con la naturaleza y todos sus seres...
Como dice el proverbio nativo americano: “No heredamos la tierra de nuestros antepasados, la tomamos prestada de nuestros hijos”.
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