Turquía es testigo de la mayor lucha social de su historia. Los 2 millones 200 mil ciudadanos que llenaron ayer la plaza de Maltepe demostraron al mundo entero la fuerza de la resistencia.
No hubo transporte gratuito, ni bocadillos de albóndigas gratis.
Al contrario, a pesar de la violencia que aumentó su intensidad contra los manifestantes y a pesar de que se declararon 9 días de vacaciones por festivo, hombres y mujeres de 80 años, que quizás nunca habían asistido a una manifestación en su vida, acudieron en masa a Maltepe junto a sus nietos, movidos por su libre albedrío. El cielo azul se cubrió de banderas rojas y blancas. Nunca se había visto una multitud así en la historia de Turquía.
Esta forma de protesta sin precedentes, cargada de humor y que se extendió como una ola tras la marcha iniciada por los estudiantes de la Universidad de Estambul el 19 de marzo, está inspirando al mundo.
Esta resistencia que rompe moldes, liderada por los jóvenes, llama la atención en todos sus aspectos. Los estudiantes, que se tomaron del brazo al grito de "policía, abre la barricada" para cruzarla, también derribaron el muro del miedo en la mente de las personas.
En toda Turquía, a pesar de las detenciones masivas, las retenciones y la violencia desproporcionada, los jóvenes que no temen recibir golpes de porra cambiaron la percepción al entregar flores a la policía que los amenazaba con sus bastones. El Pikachu que surgió de las protestas en Antalya se volvió viral en los medios internacionales. Pikachu se convirtió en una fuente de inspiración para los manifestantes en Georgia, a miles de kilómetros de distancia.
Los 2 millones 200 mil personas que asistieron a la histórica manifestación en Maltepe llenaron la plaza con pancartas coloridas donde el humor alcanzó su punto máximo. "Esta bombilla ha brillado demasiado, pasemos al modo ecológico", "No resistimos bajo ningún partido.
¡Somos el pueblo!". "Me vestí básico, porque mi pieza estrella es mi laicismo", "Estamos al borde de todas las posibilidades", fueron algunas de las pancartas que llamaron la atención. Mientras la voz de los jóvenes que decían "Vinimos por nuestro primer deber" resonaba en la plaza de Maltepe, algunos medios de comunicación emitían recetas sobre "cómo preparar kadayıf".
Una señora de unos 80 años, que decía: "Estoy aquí por mis nietos, estoy aquí para salvar su futuro robado", sostenía el siguiente cartel.
"La voz de la justicia ha sido silenciada, pero la melodía del pueblo no callará"
A diferencia de las manifestaciones republicanas o las protestas de Gezi, el grupo motor de esta resistencia son los jóvenes de entre 18 y 25 años.
Por esta razón, la plaza de Maltepe no fue testigo de un espacio político, sino de un espacio activista. Los jóvenes no se unieron bajo ninguna ideología, sino únicamente bajo el denominador común de la "República".
Su ideología común: la República.
¡Su ídolo es Atatürk!
¡Y el valor fundamental que defienden es la "urna electoral"!
No son vándalos, son pacíficos. Tienen una inteligencia que subvierte los estereotipos.
Y ninguna fuerza puede reprimir la energía de estos jóvenes.
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