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Sudán: La partida de ajedrez interminable en el corazón de África

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Sudán, situado en el corazón del continente africano, ha vuelto a ocupar el centro de la agenda mundial en los últimos años. Este país, mencionado a veces bajo los titulares de "crisis humanitaria" y otras veces como una "lucha por la democracia", es en realidad el escenario de un ajuste de cuentas silencioso pero profundo entre las potencias globales. Los acontecimientos en Sudán son, en gran medida, reflejos de la competencia por la energía y la influencia en África.

Independiente pero no libre

Cuando Sudán obtuvo su independencia en 1956, era una fuente de esperanza para el futuro de África. Sin embargo, al igual que muchos países africanos, la "independencia política" no trajo consigo la independencia económica. Los colonizadores se habían retirado del continente, pero fueron reemplazados por empresas multinacionales, políticos respaldados por el exterior y relaciones de dependencia económica. Así, el colonialismo continuó cambiando de forma.

Hoy, Sudán parece un micro-África con sus más de 500 tribus, decenas de grupos étnicos y cientos de idiomas. Esta diversidad ha sido tanto una fuente de riqueza como de fragilidad para el país. Cuando las divisiones étnicas, religiosas y regionales se combinaron con los conflictos de intereses sobre los recursos naturales, Sudán se vio arrastrado a un ciclo constante de guerra civil.

El Sudán de hoy: Un país de crisis interminables

La crisis actual en Sudán no solo está relacionada con la competencia de actores externos, sino también con la profunda división de los centros de poder dentro del país. El derrocamiento de Omar al-Bashir en 2019 había creado la esperanza de un "nuevo comienzo". Sin embargo, el gobierno de transición militar-civil colapsó rápidamente. La crisis económica, la escasez de alimentos, los conflictos étnicos y la lucha de poder dentro del propio ejército han sumido al país nuevamente en el caos.

Desde 2023, Sudán es escenario de una guerra civil a gran escala entre el Ejército sudanés, bajo el mando del general Abdelfatah al Burhan, y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), lideradas por Mohamed Hamdan Dagalo (Hemedti). El avance de las RSF en Al Fashir, capital de Darfur del Norte, marcó un punto de inflexión estratégico en la guerra. Según datos de la ONU, miles de personas han perdido la vida, 12 millones han sido desplazadas y 18 millones se enfrentan al riesgo de hambruna.

Las guerras civiles en Sudán se encuentran entre los conflictos más largos y sangrientos no solo de África, sino del mundo. Estos conflictos, que superan el medio siglo, han provocado la muerte de millones de personas y el desplazamiento de otros tantos. Cada crisis que vive Sudán hoy se perfila a la sombra de esta dolorosa herencia histórica.

Petróleo, oro y agua: La maldición de la riqueza

El destino de Sudán está estrechamente relacionado con sus recursos naturales. Sus reservas de petróleo de aproximadamente 2 mil millones de barriles, sus ricos yacimientos de oro y uranio, y los recursos hídricos del río Nilo hacen que el país sea atractivo desde el punto de vista económico y, al mismo tiempo, un objetivo de la competencia regional.

Detrás de la guerra que estalló en Darfur en 2003 no solo había "tensión étnica", sino también el reparto de los ingresos del petróleo y el oro. Desde esta perspectiva, la riqueza de recursos de Sudán no ha sido una bendición, sino la principal fuente de inestabilidad.

Sudán es como un espejo que refleja el destino de África: un país rico en recursos pero pobre, una sociedad desesperanzada a pesar de su población joven, una estructura políticamente frágil a pesar de su ubicación estratégica...

La guerra de reparto interminable en Sudán

El legado del colonialismo, que ha persistido durante mucho tiempo en África, continúa transformándose. Hoy en día, actores como China, Rusia, Estados Unidos, la UE, Irán, India, Israel y los EAU han iniciado una nueva lucha por la influencia en el continente. Uno de los centros de esta competencia es Sudán.

Irán ve a Sudán como la puerta de entrada a África.

Rusia quiere establecerse en la región económica y militarmente con sus reservas de oro y sus planes de construir una base en el mar Rojo.

China continúa sus inversiones en infraestructura y minería en Sudán en el marco de la iniciativa de la Franja y la Ruta.

India intenta fortalecer sus relaciones con Sudán en términos de seguridad energética.

La Unión Europea tiene como objetivo controlar el petróleo sudanés y los flujos migratorios.

Estados Unidos se siente incómodo con la creciente influencia de China y Rusia; por ello, está revitalizando sus iniciativas diplomáticas en África.

Israel ve a Sudán como un socio estratégico a través de la conexión del río Nilo y el mar Rojo.

Los EAU proporcionan apoyo financiero y militar a las partes en Sudán con el objetivo de aumentar su influencia regional.

Por esta razón, Sudán se ha convertido en uno de los frentes más calientes de la competencia de las potencias globales en África.

El movimiento de Turquía en África y la isla de Suakin

Para Turquía, Sudán es una pieza especial del rompecabezas estratégico en África. La asignación de la isla de Suakin, herencia otomana, a Turquía, elevó las relaciones entre ambos países a un nivel estratégico en 2017. Sin embargo, este paso causó malestar en Egipto, Arabia Saudita y los EAU, ya que Suakin se encuentra en el corazón mismo del mar Rojo, en el cruce de las rutas comerciales.

La apertura de Turquía hacia África no es solo económica, sino también parte de una estrategia histórica, cultural y diplomática. Sin embargo, cada cambio de gobierno en Sudán ha llevado a Turquía a reconsiderar su posición en la región. Especialmente el uso de los drones Bayraktar suministrados por Turquía en la guerra civil obliga a Ankara a mantener cuidadosamente el equilibrio de neutralidad.

Conclusión

La crisis en Sudán no es solo una guerra civil local, sino uno de los reflejos más duros de la lucha por la energía, el comercio y la influencia en África. El ganador de esta partida de ajedrez aún no está claro, pero es evidente que el perdedor es el pueblo sudanés.

Las tragedias que vive el pueblo de Sudán merecen tanta atención internacional como lo que ocurre en Gaza y en otras zonas de conflicto del mundo. Para evitar que más personas sean víctimas del conflicto, es de gran importancia que la comunidad internacional aumente sus esfuerzos de mediación y se logre un alto el fuego permanente entre las partes.