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Cargando nueva infraestructura 3- Centros de datos y el orden mundial

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En el capítulo anterior, discutí cómo la capacidad de cómputo se está convirtiendo en uno de los factores de producción estratégicos de la era de la inteligencia artificial (IA). Sin embargo, para comprender la importancia económica, política y estratégica de la capacidad de cómputo, es necesario dar un paso más. Es preciso analizar dónde se produce esta capacidad, cómo está cambiando nuestro orden de comunicación y cuál es la relación estratégica entre los centros de datos.

Por ejemplo, cuando escribimos unas pocas frases en una aplicación de IA desde nuestro teléfono móvil en Estambul, no solo funciona un software detrás de ello. La solicitud llega a los centros de datos a través de redes de comunicación; allí se procesa en grandes clústeres de computación y el resultado regresa al usuario a través de las mismas redes. Para el usuario, el proceso dura apenas unos segundos. Pero detrás de esos pocos segundos hay miles de procesadores, una gran cantidad de electricidad, sistemas de refrigeración, redes de fibra óptica y una instalación física. Esta situación no se limita solo a los chatbots y aplicaciones de IA. Ver un video de YouTube, abrir una película en Netflix, cargar un video en Instagram o los resultados de búsqueda en un motor de búsqueda dependen del trabajo conjunto de centros de datos y redes de comunicación en diferentes puntos del mundo. Es decir, por muy inalámbricos y basados en la nube que parezcan los medios digitales, en realidad funcionan sobre una infraestructura física muy grande.

El auge de la inteligencia artificial añade una nueva función a esta infraestructura: mientras los centros de datos transportan la comunicación, también comienzan a producir la comunicación misma. En otras palabras, mientras que Internet pone la información en circulación y las plataformas vinculan esta circulación a los datos, la IA atrae la producción de contenido dentro de la misma infraestructura de cómputo. Resumir una noticia, traducir un video, generar una imagen o responder a una consulta de búsqueda significa producir comunicación a través del cómputo. Por esta razón, no basta con ver los centros de datos como instalaciones en el trasfondo de la tecnología. Porque la geografía de los centros de datos se está convirtiendo gradualmente en la geografía económica de la comunicación y el poder de cómputo.

Northern Virginia, uno de los clústeres de centros de datos más grandes del mundo, es un buen ejemplo de ello. La proximidad de la región a las redes de fibra óptica, la disponibilidad de amplios terrenos y la infraestructura energética la convirtieron a lo largo de los años en uno de los nodos importantes de la economía digital. Irlanda también se ha convertido de manera similar en uno de los centros de datos clave de Europa. En los últimos años, la orientación de los países del Golfo hacia inversiones a gran escala en centros de datos e IA apunta a otro desarrollo. La riqueza energética ahora también se quiere utilizar para producir capacidad de cómputo. Esta transformación no se limita, para Turquía, a cuánto pueden desarrollar IA las empresas tecnológicas. La posición de Turquía en la economía digital global debe ser repensada en términos de centros de datos, capacidad energética, redes de fibra óptica, cables submarinos y tráfico de datos regional. Mientras que su ubicación entre Europa, el Cáucaso, Oriente Medio y Asia Central proporciona a Turquía una ventaja importante en la transición de comunicación y datos, para que esta ventaja se convierta en una capacidad de cómputo real, se requieren inversiones en una infraestructura sólida de centros de datos, energía confiable y redes de alta capacidad. En otras palabras, mientras que la posición que ocupará Turquía en la infraestructura de la economía digital depende de todo esto, ¿será Turquía un corredor por donde pasan los datos en esta nueva geografía, o será uno de los centros donde se procesan los datos, se produce el cómputo y se concentra el poder digital regional? Cuando se establece un centro de datos, los servidores traen consigo electricidad, redes de fibra óptica, sistemas de refrigeración, subestaciones eléctricas y nuevas inversiones energéticas. De este modo, el centro de datos crea una nueva economía de infraestructura digital que lo rodea. La correlación entre el mapa de los centros de datos y el nuevo mapa de la economía mundial está aumentando.

En este punto, también se está produciendo una profunda transformación en términos de medios y comunicación. En el pasado, el poder de comunicación estaba relacionado en gran medida con la capacidad de producir y distribuir contenido. Los periódicos ganaron poder controlando las imprentas, los canales de televisión las redes de transmisión y las agencias de noticias las redes globales de corresponsales. Internet añadió a esta estructura las plataformas y la capacidad de recopilación de datos. La IA, por su parte, aporta una tercera capa: la capacidad de cómputo. Ya no se puede medir el poder de una plataforma solo por cuántos usuarios tiene o cuántos datos recopila. También cobra importancia la rapidez con la que puede procesar esos datos, qué modelos de IA puede ejecutar y sobre qué infraestructura puede realizar esto. Por esta razón, los centros de datos de Google, la infraestructura en la nube de Microsoft o las enormes redes de servidores de Amazon se están convirtiendo gradualmente en los nodos físicos del sistema de comunicación global. En otras palabras, mientras que la cara visible de la economía de los medios permanece en las plataformas, una gran parte del peso económico y estratégico se desplaza hacia la infraestructura detrás de las plataformas y hacia los monopolios de infraestructura.

El resultado geopolítico de esta transformación es aún más interesante. Así como las rutas de los cables submarinos de fibra óptica se volvieron estratégicas para la seguridad de las comunicaciones de los países, dónde se concentran los centros de datos y la capacidad de cómputo podría adquirir una importancia similar en el futuro. Porque ahora el enfoque económico y estratégico estará relacionado con dónde se procesa la información, dónde se agrupan los centros de datos, por qué algoritmos se transforma y quién tiene el control sobre este proceso. Las grandes inversiones en infraestructura de IA de los países del Golfo, la conversión del capital energético en capital de cómputo, también señalan una búsqueda de una nueva posición en los equilibrios de poder globales. De manera similar, el control de Estados Unidos y China sobre los chips avanzados y la infraestructura de IA hace que la política tecnológica sea cada vez más una parte de la política de seguridad nacional.

En resumen, las máquinas que funcionan dentro de los edificios de los centros de datos constituyen la capacidad de cómputo de la economía digital global; las redes que se conectan a ella transportan la comunicación global; el sistema energético que la alimenta determina la capacidad de producción; y el país donde se encuentra intenta obtener una nueva ventaja económica y geopolítica a través de esta infraestructura. Por esta razón, al pensar en la libertad de comunicación o el poder de los medios en la era de la IA, ya no basta con mirar las plataformas y la economía de plataformas. Una parte importante del orden de comunicación del futuro se está construyendo en las instalaciones de los centros de datos detrás de las pantallas. Y para que estas instalaciones funcionen, además de chips o capital, se requiere más "energía eléctrica". A medida que crezcan las fábricas de IA, también crecerá la competencia por los sistemas energéticos que las alimentarán. La pregunta del próximo capítulo surge justo aquí: si se necesita electricidad para almacenar, procesar y poner en circulación datos para la inteligencia artificial, ¿qué países y qué sistemas energéticos podrán soportar la potencia de cómputo del futuro? Por otro lado, la importancia de la infraestructura de cómputo y los centros de datos no se limita a la economía. Porque la misma capacidad de cómputo se está convirtiendo gradualmente en parte de la capacidad militar, desde los sistemas de comunicación hasta la inteligencia, desde los sistemas autónomos hasta las tecnologías de la industria armamentística, transformándose en una infraestructura estratégica y militar. Si la guerra del futuro se llevará a cabo con armas más inteligentes, significa que estará determinada por la capacidad de controlar la infraestructura de cómputo, energía y comunicación que hace posible la industria de armas inteligentes. En este contexto, ¿cuál es el significado geopolítico y de seguridad de esto para la OTAN? ¿Dónde sitúa la OTAN la relación entre la IA, la capacidad de cómputo, la infraestructura crítica y los sistemas de armas de nueva generación? La próxima semana buscaremos respuestas a estas preguntas.