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Evaluación objetiva sobre la Inteligencia Artificial

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El término “Inteligencia Artificial” se utiliza ampliamente desde la Conferencia de Dartmouth de 1956, pero el objetivo de “pensamiento similar al humano” de aquella época no coincide con el nivel alcanzado hoy en día.

Estructuras actuales:

• Son inconscientes, carecen de propósito y de intención.

• No se basan en la comprensión, sino en la correlación de datos.

• Solo optimizan tareas específicas (lenguaje, imagen, predicción).

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NO ES 'INTELIGENCIA'

Los sistemas de inteligencia artificial no poseen conciencia, pensamiento ni autoconciencia. Su funcionamiento se basa totalmente en modelos matemáticos. Los modelos de lenguaje analizan patrones en grandes conjuntos de datos, calculan las distribuciones de probabilidad de secuencias de palabras y convierten la secuencia de mayor probabilidad en un resultado. En este proceso no hay significado, intuición ni intención; solo hay predicción estadística. El resultado similar a la “inteligencia” surge de que estructuras estadísticas complejas producen una coherencia similar a la humana en la superficie.

LA INTERPRETACIÓN DE DATOS DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NO ES CORRECTA

La inteligencia artificial no “interpreta” realmente los datos; solo procesa estadísticamente los patrones entre ellos. En este proceso no hay comprensión del contexto, la intención o el significado. Por lo tanto, los resultados obtenidos no son una “interpretación”, sino una predicción. Dado que no se garantiza la exactitud, imparcialidad o actualidad de las fuentes de datos, la probabilidad de error es alta. El modelo también puede presentar el resultado generado a partir de datos erróneos o incompletos como si fuera significativo; esto puede ser percibido erróneamente por el usuario como una “verdad”. Por esta razón, los resultados de la inteligencia artificial deben verse como resultados de cálculo que requieren verificación, no como una interpretación final.

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL DEBE DEJAR LA INTERPRETACIÓN AL SER HUMANO

La tarea de los sistemas de inteligencia artificial es procesar la información contenida en la literatura o en fuentes de datos fiables. Sin embargo, dotar a esta información de “significado”, es decir, interpretarla, no debería formar parte del ámbito funcional de la inteligencia artificial. Esto se debe a que dichos sistemas no tienen comprensión del contexto, el propósito o los valores. Por lo tanto, el sistema solo debe presentar los datos brutos y/o la información de la fuente tal cual, indicando claramente su origen. La interpretación, la asociación y la extracción de conclusiones deben ser realizadas por el usuario. Este enfoque preserva la exactitud epistemológica y evita que la inteligencia artificial sea percibida como una autoridad decisoria.

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NO DEBE UTILIZAR LENGUAJE SUBJETIVO

En su estado actual, los sistemas de inteligencia artificial utilizan el “lenguaje en primera persona” con el pretexto de facilitar la interacción con los humanos. Este tipo de uso del lenguaje puede implicar una conciencia subjetiva para algunos usuarios y hacer que establezcan un vínculo emocional o personal con el sistema. Esto ocurre porque la mente humana tiende a asociar el lenguaje coherente y natural que tiene enfrente con un sujeto consciente. Esto genera el riesgo de atribuir conciencia, intención o empatía a la inteligencia artificial. Como resultado, el usuario puede sentir que tiene ante sí una estructura que lo entiende, que reflexiona sobre lo que se dice y que lo interpreta, pudiendo percibir las evaluaciones del sistema como “opiniones” o “juicios”; cuando en realidad son solo cálculos basados en datos.

LLAMARLA CON OTRO NOMBRE ES MÁS ADECUADO PARA LA HUMANIDAD

El término “inteligencia artificial” es una generalización de origen histórico y comercial que no refleja la estructura ni la forma de trabajo del sistema. Técnicamente, los sistemas actuales no son “inteligencia”, sino modelos de procesamiento de patrones y cálculo de probabilidades. Sin embargo, el hecho de que la palabra “inteligencia” esté en el nombre del sistema puede ser engañoso para algunas personas, quienes pueden caer en el error de pensar que tienen ante sí una verdadera “inteligencia” artificial. Es más adecuado para la humanidad que esta estructura sea llamada con un nombre diferente que exprese su esencia en el sentido real.

Los sistemas de inteligencia artificial, tras recibir la pregunta, solo deben hacer citas directas de fuentes relacionadas con el tema y transmitir cada información junto con su fuente clara. No se deben utilizar expresiones que contengan orientación como “según esto” o “según aquello”. El sistema no debe producir interpretaciones, solo debe presentar citas verificables de la información existente. La evaluación y la atribución de significado deben dejarse totalmente al ser humano. Esto preserva los límites funcionales de la inteligencia artificial y aumenta la fiabilidad de la información.