Yemen es uno de los países estratégicamente más importantes de Oriente Medio debido a su ubicación en el estrecho de Bab el-Mandeb y el mar Rojo. La importancia de Yemen, que ha vivido inestabilidad durante muchos años debido a la guerra civil, la competencia regional y las intervenciones internacionales, ha vuelto a quedar patente con los últimos acontecimientos.
El avance de los hutíes, apoyados por Irán, a lo largo de la costa del mar Rojo y la toma de la estratégica isla de Perim (Mayyun) en el estrecho de Bab el-Mandeb, así como de algunas zonas costeras importantes, ha creado una nueva situación en cuanto a la seguridad de Bab el-Mandeb. Este desarrollo ha aumentado significativamente la capacidad de los hutíes para amenazar el tráfico marítimo en el estrecho y, si fuera necesario, interrumpirlo.
El objetivo prioritario es Arabia Saudita
Al implementar el embargo marítimo, los hutíes anunciaron que apuntaban principalmente a los barcos y puertos vinculados a Arabia Saudita. Esto demuestra que los hutíes están tratando de ejercer presión directa sobre Arabia Saudita. Sin embargo, la amenaza al tráfico marítimo en el mar Rojo también genera consecuencias económicas y estratégicas globales.
Asimismo, el control de islas estratégicas y de algunos puntos de la costa del mar Rojo proporciona a los hutíes una ventaja importante en la región. El hecho de que aumenten los riesgos de seguridad para los barcos y los costos de los seguros sin necesidad de cerrar completamente el estrecho podría llevar al transporte marítimo a buscar rutas alternativas. Esto podría generar un resultado estratégico importante que aumente la influencia de los hutíes en la región. De hecho, desde 2023, el desvío de barcos hacia la ruta del Cabo de Buena Esperanza debido a los ataques en el mar Rojo ha incrementado los tiempos y costos de transporte. Esta situación es especialmente importante para Arabia Saudita.
La vulnerabilidad de Arabia Saudita
Arabia Saudita utiliza el oleoducto Este-Oeste y los puertos del mar Rojo como rutas alternativas importantes para reducir su dependencia del estrecho de Ormuz. Sin embargo, el cierre temporal del oleoducto tras el ataque con drones desde Irak demostró que estas rutas alternativas tampoco están completamente exentas de riesgos de seguridad.
Por lo tanto, los acontecimientos en Bab el-Mandeb no pueden considerarse únicamente como un conflicto entre Yemen y Arabia Saudita. Teniendo en cuenta también la situación en el estrecho de Ormuz, el hecho de que dos pasos marítimos importantes se vuelvan riesgosos al mismo tiempo presenta un panorama que podría tener consecuencias regionales y globales. Es precisamente en este punto donde la postura de Estados Unidos cobra importancia.
El enfoque cauteloso de EE. UU.
El control de ciertos puntos estratégicos en el mar Rojo por parte de los hutíes también plantea un problema importante para Estados Unidos. Tras los acontecimientos en el estrecho de Ormuz, la aparición de una situación similar en Bab el-Mandeb podría aumentar la presión sobre la seguridad marítima y energética en la región. Por ello, es importante determinar en qué medida Estados Unidos apoyará a Arabia Saudita frente a los hutíes.
Mientras que Estados Unidos se muestra cauteloso ante una intervención militar directa contra los hutíes, el presidente Donald Trump afirmó que los hutíes no quieren luchar contra Estados Unidos.
El Acuerdo de La Meca ante su primera prueba
Los ataques de los hutíes contra Arabia Saudita también suponen una prueba importante para el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca. En este proceso, existe curiosidad sobre si el acuerdo se implementará y qué postura adoptarán las partes. Mohammed al-Bukhaiti, uno de los altos funcionarios políticos de los hutíes, calificó el Acuerdo de La Meca como un pacto simbólico y advirtió a Turquía y Pakistán, partes del acuerdo, que no entraran en guerra junto a Arabia Saudita, señalando que, de lo contrario, les costaría caro.
Llama la atención que Estados Unidos no haya respondido en esta etapa a la solicitud de apoyo militar directo de Arabia Saudita. Por esta razón, todas las miradas están puestas en Turquía y Pakistán, las otras partes del Acuerdo de La Meca.
Pakistán ha declarado que actualmente no hay conversaciones en el marco del acuerdo, pero que actuará de acuerdo con el mismo cuando llegue el momento. Que esta decisión no será fácil se puede ver en ejemplos del pasado. Pakistán no actuó según las políticas de Arabia Saudita en el pasado. Por ejemplo, durante la guerra de Yemen, no participó directamente en la operación militar de Arabia Saudita. Por lo tanto, no sería sorprendente que Pakistán evitara ser parte directa de la guerra de Yemen en los acontecimientos actuales.
Las declaraciones del presidente del Consejo de Ulemas de Pakistán, Tahir Mahmud Ashrafi, señalan una dimensión diferente. Destacó que la seguridad y la estabilidad de Arabia Saudita son líneas rojas y que estas no serán cruzadas. Esta declaración puede evaluarse más como un fuerte mensaje de solidaridad proveniente de los círculos religiosos del país que como un apoyo político y militar.
Turquía también condenó los ataques hutíes contra Arabia Saudita. De este modo, ambas partes del acuerdo han manifestado su postura contra los ataques a Arabia Saudita a nivel político.
En este contexto, en la primera prueba del Acuerdo de La Meca, parece probable que, en lugar de una intervención militar directa, se logre una coordinación en áreas como el fortalecimiento de la defensa aérea y el intercambio de inteligencia. Sin embargo, en esta etapa no existe una decisión definitiva sobre su implementación.
La institucionalización de la cooperación en el marco del acuerdo, el fortalecimiento de las capacidades de defensa conjunta y el apoyo a los esfuerzos para reducir la tensión regional pasan a primer plano. Esto se debe a que los efectos de los conflictos en la región no se limitan a los países involucrados, sino que se extienden a toda la región a través de la energía, el comercio, el transporte y las inversiones. Por esta razón, Estados Unidos y otros estados no quieren que lo que sucede en el estrecho de Ormuz ocurra también en Bab el-Mandeb.
Definir el conflicto entre los hutíes y Arabia Saudita únicamente en el eje sunita-chiita o árabe-persa conlleva el riesgo de que la tensión regional se convierta en un conflicto de identidad más amplio.
El nuevo cálculo de Arabia Saudita en Yemen
Se puede decir que Arabia Saudita ha experimentado cambios en su perspectiva sobre Yemen en línea con los últimos acontecimientos. Los hutíes, a quienes ha querido neutralizar en Yemen desde 2015, se han vuelto más fuertes hoy en Yemen y han creado un área de influencia importante en el mar Rojo.
En esta situación, sigue siendo incierto cómo actuará Arabia Saudita. Si entra en guerra, el costo económico, político y militar del conflicto aumentará. Si opta por la negociación, el éxito que pueda tener para detener a los hutíes será otra cuestión que surgirá.
También han surgido acusaciones de que Arabia Saudita ha traído mercenarios de Siria para luchar en Yemen. Se sabe que en el pasado Arabia Saudita utilizó combatientes extranjeros en Yemen. Sin embargo, estas acusaciones no han sido confirmadas.
Los hutíes, apoyados por Irán, son una fuerza influyente en los equilibrios de seguridad regional. Esto también crea un problema de seguridad importante para Arabia Saudita.
En conclusión, poner fin a las luchas de poder regionales en Yemen y desarrollar una solución política que incluya a todas las partes es importante para garantizar una estabilidad duradera en el país y en la región.
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