Los liberales y el civismo
El liberalismo, digan lo que digan sus defensores, no representa lo normal, ni lo razonable, ni lo inevitable. Sin embargo, lamentablemente, ha logrado convencer en gran medida a las amplias masas populares, a los pobres, a los trabajadores y a los oprimidos de que sí representa estas cosas. Por desgracia, ha conseguido crear una percepción en este sentido. Ha logrado establecer una hegemonía política, intelectual, ideológica, cultural y académica, lamentablemente.
El liberalismo, como ideología del capital, como defensor y portavoz de los intereses del capital, sirve a los ricos, no a los pobres. Defiende un orden en el que los ricos ganen más, obtengan mayores beneficios, tengan más influencia y se muevan con mayor libertad.
Por eso, los conceptos de democracia, derechos humanos, libertad y Estado de derecho son importantes y significativos solo mientras favorezcan al capital.
Por eso se exige menos Estado y más mercado. Se desea que las competencias del Estado se recorten tanto como sea posible, y que la autoridad, el poder sancionador, la influencia y la soberanía del Estado se debiliten y limiten al máximo. Aquellos que no piensan así, quienes se oponen a estas ideas, son tildados por los liberales de partidarios de regímenes autoritarios, defensores de un Estado tiránico, antidemocráticos, enemigos de la libertad y contrarios a la sociedad civil.
La glorificación exagerada de la sociedad civil y de los defensores del civismo, sustituyendo a la oposición ideológica, política, de clase y social, es la preferencia de los liberales.
Dejar la política y la política de clase en un segundo plano y poner en primer plano el civismo es la prioridad de los liberales.
Sustituir a los partidos políticos, los sindicatos y las organizaciones profesionales por organizaciones de la sociedad civil es beneficioso para los liberales.
Liquidar el Estado social y sustituirlo por las fuerzas del mercado, ver al ciudadano como un cliente, mercantilizar el servicio público y poner en marcha organizaciones benéficas para los pobres es el programa de los liberales.
Por eso, la concepción de libertad del liberalismo se limita a la libertad del mercado y del capital.