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Violencia en las escuelas: ¿Cómo prevenirla y qué se debe hacer? - 2

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Publicado: 13.10.2026 06:00

En mi artículo anterior en esta columna, partiendo de los ataques armados ocurridos en las escuelas, abordé desde una perspectiva sociológica cómo la violencia y el acoso, cada vez más extendidos en la sociedad, se reflejan en los entornos escolares y planteé algunas observaciones sobre las dinámicas fundamentales del problema. En este contexto, la pregunta básica es: ¿Cuáles son los factores sociales, familiares, psicosociales e intraescolares que llevan al niño a la violencia y, con el tiempo, lo convierten en autor de actos violentos? ¿Por qué los patios escolares, donde los niños deberían sentirse seguros, se están convirtiendo en lugares asociados con incidentes violentos? ¿Qué les está pasando a los niños? ¿Por qué aumenta la violencia en las escuelas y por qué las intervenciones preventivas resultan insuficientes?

A menos de una semana de haber escrito aquel artículo, un ataque con arma blanca en una escuela secundaria de Başakşehir, Estambul, que resultó en la muerte de un estudiante y dejó a varios heridos, sumado al hallazgo de un arma en la mochila de un alumno en otra escuela primaria, ha dejado en evidencia una vez más la magnitud que ha alcanzado el riesgo de violencia en los centros educativos. Estos acontecimientos demuestran que la violencia escolar no puede tratarse como incidentes aislados y que las políticas preventivas deben fortalecerse urgentemente. En este artículo, analizaré propuestas de solución para la prevención de la violencia, teniendo en cuenta las dinámicas sociales del problema.

El aumento del armamento individual

La lucha contra la violencia escolar no es solo una política de seguridad que comienza en la puerta de la escuela, sino que requiere un enfoque integral que se extiende desde la familia hasta la sociedad y el mundo digital. El reciente incidente en Başakşehir muestra claramente la magnitud de la vulnerabilidad de seguridad en los entornos escolares. La facilidad con la que se pueden introducir armas, cuchillos y objetos cortopunzantes similares en los espacios educativos amenaza directamente la seguridad de los entornos de aprendizaje. Es una necesidad inevitable implementar de inmediato controles y medidas de seguridad preventivas que impidan la entrada de este tipo de objetos peligrosos a la escuela. Las familias también tienen responsabilidades importantes. Mantener las armas de fuego, cuchillos y herramientas peligrosas similares que se encuentran en el hogar de manera segura y fuera del alcance de los niños es una medida de protección fundamental para reducir el riesgo de violencia. La sensibilidad y responsabilidad de los padres en este tema son de vital importancia para prevenir posibles incidentes violentos.

Por otro lado, la lucha contra el armamento individual debe convertirse en una movilización social integral en todo el país. Las estimaciones de que uno de cada tres hogares en Turquía posee un arma subrayan el riesgo que representa el acceso a armas de fuego para la seguridad de los niños. Por ello, se deben fortalecer los controles sobre la adquisición y tenencia de armas, y continuar con determinación la lucha contra el armamento ilegal.

En la lucha contra la violencia, es necesario desarrollar colaboraciones institucionales con organizaciones de la sociedad civil que cuenten con experiencia en el campo. En este sentido, los datos del 'Mapa de Violencia de Turquía', publicados periódicamente por instituciones como la Fundación Umut (Umut Vakfı), deben ser considerados como una fuente de datos fundamental para identificar áreas de riesgo social y crear políticas preventivas basadas en evidencia.

Hasta la fecha, la insuficiencia de estudios profundos y empíricos centrados en los autores de la violencia dificulta la comprensión de las dinámicas sociales detrás del problema. Aún no se han expuesto suficientemente los procesos de cómo se gesta la deriva hacia el delito, las estructuras familiares de los autores y los bloqueos estructurales en el triángulo escuela-familia-sociedad. Sin conocer el terreno social que produce al autor y al delito basándose en datos de campo, tanto el diagnóstico como la intervención preventiva aplicada están condenados a ser incompletos.

Riesgos que fluyen desde los canales digitales

Los entornos digitales, los contenidos de violencia en línea, la cultura visual que banaliza la violencia y las presentaciones mediáticas pueden amplificar aún más estos riesgos. La reproducción en las redes sociales de códigos culturales patriarcales que legitiman y glorifican la violencia también crea un área de influencia que debe ser considerada, especialmente en niños y jóvenes. Aunque los riesgos y amenazas derivados de los canales digitales se mencionan con frecuencia, la normativa legal y la legislación en este ámbito lamentablemente van por detrás de los acontecimientos.

Los nuevos espacios de socialización digital, que prácticamente alteran los procesos de socialización de niños y jóvenes, crean una estructura sin control. Para proteger el mundo mental y social de las nuevas generaciones, se deben tomar medidas efectivas, aplicables y decididas sin demora hacia estos nuevos canales digitales. Se debe enseñar a los niños cómo los algoritmos dirigen los contenidos, cómo los grupos en línea pueden normalizar la violencia y cómo pedir ayuda cuando se encuentran con contenidos amenazantes. Se debe desarrollar la alfabetización digital y la conciencia crítica en los niños. Los niños y jóvenes deben ser protegidos de los diversos riesgos que fluyen desde los guetos digitales. En las escuelas se debe impartir una formación efectiva en “alfabetización digital” y “conciencia crítica” dirigida a los niños. Esta formación también debe realizarse para las familias.

Ciberacoso, presión de grupo y aumento de la formación de pandillas

Hoy en día, el acoso escolar, la presión de grupo y la violencia aumentan día a día. Se debe luchar e intervenir eficazmente contra el acoso y la formación de pandillas. Los docentes deben estar capacitados en este tema. El ciberacoso, que se traslada a los entornos virtuales, es implícito y más difícil de detectar. Por ejemplo, los datos de PISA 2022 de la OCDE muestran que el acoso escolar es un problema importante en Turquía. El 25% de las estudiantes y el 28% de los estudiantes del grupo de 15 años declararon haber sido víctimas de acoso al menos varias veces al mes. Estas tasas están por encima del promedio de la OCDE.

La creciente formación de pandillas y la violencia en las escuelas de las zonas desfavorecidas de la ciudad provienen de la combinación de la búsqueda de pertenencia y protección de los jóvenes con la presión de grupo, los modelos de conducta negativos y los procesos de socialización distorsionados. Para resolver este problema, se debe fortalecer la cooperación entre la familia, la escuela y el entorno social; se deben crear espacios de pertenencia seguros para los jóvenes luchando contra la privación económica, la exclusión social y la ansiedad por el futuro. Se debe generalizar el apoyo psicosocial basado en la escuela, los trabajos que fortalecen las relaciones entre pares y los programas de intervención temprana; la lucha contra la violencia no debe llevarse a cabo solo con medidas disciplinarias, sino con políticas sociales preventivas y protectoras.

El alejamiento de un clima escolar seguro

Las escuelas deben ser reestructuradas con un enfoque acorde a las necesidades integrales y contemporáneas, liberándolas de la presión de las grandes escuelas y las aulas superpobladas, y reduciéndolas a escalas razonables. Mientras que el plan de estudios asfixiante y basado en la memorización, las largas horas de clase y los patios escolares confinados en hormigón dañan el sentido de pertenencia de los estudiantes a la escuela, la carga de trabajo pesada, los ingresos insuficientes y la soledad profesional aumentan el agotamiento de los docentes. El problema se extiende en cadena.

La salida de la crisis pasa por establecer un clima escolar que libere a los estudiantes desde el patio hasta el aula, mejorar las condiciones laborales de los docentes y proporcionar al personal educativo un fuerte apoyo psicosocial que les dote de habilidades para trabajar con niños en riesgo, gestionar el estrés y resolver crisis. Las escuelas deben volver a ser centros de atracción aumentando las actividades sociales, deportivas y artísticas.

El sistema de orientación escolar debe salir de una mentalidad autoritaria que supervisa, moldea y castiga. En su lugar, el sistema debe transformar el clima escolar en un espacio de pertenencia democrático, participativo y centrado en el ser humano, basado en la confianza, el amor y el valor mutuo. En este sentido, los “consejos escolares” pueden recuperar su funcionalidad. Los servicios de orientación deben hacer sentir a los estudiantes que no son objetos a supervisar, sino individuos valorados e importantes. En esta línea, en lugar de una mentalidad disciplinaria rígida, se debe crear un clima escolar centrado en el estudiante que adopte valores democráticos; se deben fortalecer los servicios de orientación y apoyo psicosocial, especialmente para los estudiantes 'desfavorecidos' y con bajo rendimiento académico, en el marco de la lucha contra la drogadicción.

Fortalecer la cooperación escuela-familia y aumentar la confianza de las familias en la escuela es un requisito fundamental para el desarrollo y la seguridad de los niños. El debilitamiento de la comunicación intrafamiliar puede llevar a los niños a dirigir sus búsquedas de comprensión y pertenencia hacia los canales digitales. Por ello, es importante que los padres establezcan relaciones basadas en la confianza con sus hijos y evalúen los cambios de comportamiento, el aislamiento y el alejamiento del entorno de pares como señales de alerta temprana. Que las familias escuchen a sus hijos sin juzgarlos y los observen de cerca es de importancia crítica para detectar tempranamente el riesgo de inclinación hacia la violencia y desarrollar intervenciones preventivas.

No se debe ignorar el potencial de los medios de comunicación para reproducir y normalizar la violencia. En la presentación de los incidentes violentos, se debe evitar un lenguaje periodístico que glorifique al autor, dramatice el ataque y recompense la violencia a través de la visibilidad. Los medios deben adoptar principios de periodismo ético que se centren en las causas sociales de la violencia en lugar de narrativas sensacionalistas, respeten los derechos de las víctimas y reduzcan el riesgo de imitación de la violencia.

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